Hay momentos en los que los kilómetros parecen multiplicarse. En los que una noticia que llega desde lejos se siente, sin embargo, demasiado cerca.
Eso es lo que está viviendo por estas horas Laureano Gómez, el colombiano que desde hace tiempo forma parte de la comunidad de Tornquist y que se ha ganado, con su calidez y su manera de ser, el afecto de muchísimos vecinos.
El terremoto que sacudió a Colombia este lunes 10 de agosto, con una magnitud de 7,4, tuvo epicentro en las cercanías de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, y se sintió con fuerza en distintas regiones del país. Las consecuencias dejaron un escenario de destrucción, preocupación y angustia, mientras continúan las tareas de asistencia y rescate.
Pero detrás de las cifras, de las imágenes de edificios afectados y de las noticias que llegan minuto a minuto, están las historias personales. Las familias. Los amigos. Los seres queridos.
Y para Laureano, Colombia no es simplemente un país que aparece en las noticias.
Es su tierra. Es su gente. Es su familia.
Por eso, mientras observa desde la distancia lo que está ocurriendo, la preocupación se vuelve inevitable. La necesidad de saber cómo están los suyos, de poder comunicarse, de escuchar una voz conocida y, sobre todo, el deseo de poder estar allí para acompañarlos en un momento tan difícil.
La distancia que en otros momentos puede ser apenas una cuestión geográfica, hoy pesa de otra manera.
Porque cuando la tierra tiembla en el lugar donde nacimos, también parece temblar algo dentro de quienes estamos lejos.
Laureano ha construido en Tornquist una vida, vínculos y afectos. Aquí encontró amigos, vecinos y una comunidad que lo hizo sentir parte. Sin embargo, frente a una tragedia como la que atraviesa Colombia, aparece inevitablemente ese sentimiento que acompaña a quienes viven lejos de su lugar de origen: el corazón permanece allá, aunque el cuerpo esté acá.
Y quizás allí esté la parte más conmovedora de esta historia.
En Tornquist, muchos conocen a Laureano, comparten con él una charla, un saludo, una amistad o simplemente el afecto nacido de la convivencia cotidiana. Hoy, seguramente, muchos de esos vecinos también miran hacia Colombia y entienden su preocupación.
Porque más allá de las fronteras, de las distancias y de los lugares donde cada uno haya elegido construir su vida, hay sentimientos que no conocen de kilómetros.
Laureano espera noticias, desea que los suyos estén bien y enfrenta, como tantos colombianos que viven lejos de su país, la impotencia de no poder abrazar a quienes más quiere en estas horas.
Colombia tiembla. Y desde Tornquist, Laureano también siente ese temblor.
Pero esta vez no solamente en la tierra.
Lo siente en el corazón.


