La decimotercera edición del Patio Cervecero demostró que, en Tornquist, la tradición está por encima de cualquier inclemencia climática. La lluvia —siempre bienvenida para el campo— obligó a modificar sobre la marcha la organización del evento, pero no logró opacar una celebración que volvió a convocar a una multitud.
En cuestión de minutos, los organizadores debieron trasladar toda la programación prevista al aire libre hacia el histórico y emblemático salón de la Sociedad Germánica, que lució colmado y con el brillo de sus mejores tiempos. La rápida reacción y la buena predisposición de todos los involucrados permitieron sostener el espíritu festivo y garantizar el normal desarrollo de la jornada.
El público respondió como ya es habitual: mayoría de vecinos locales, pero también una importante presencia de visitantes provenientes de distintas localidades de la región, que han incorporado esta fecha a su agenda anual y no están dispuestos a perdérsela. El Patio Cervecero se consolida así como uno de los encuentros culturales y gastronómicos más convocantes de la comarca.
Sobre el escenario, el reconocido Grupo Astral aportó ritmo y energía, mientras que el Ballet La Dulce Vida ofreció un destacado espectáculo de danzas que fue ampliamente celebrado por el público. La conducción estuvo a cargo de Carlos Polac, quien además lideró el tradicional “Speecher de la Cerveza”, una suerte de ritual cervecero que finalmente pudo desarrollarse en el patio cuando la lluvia dio una tregua, permitiendo que el escenario regresara por unos minutos al aire libre.
Uno de los momentos más emotivos de la noche fue la presentación de Ingrid Scharff, quien subió al escenario con su acordeón acompañada por Carlos Polac en el piano, generando un clima especial que fue ovacionado por los presentes.
Desde el punto de vista gastronómico, la propuesta fue amplia y variada: empanadas, sándwiches de carne desmechada, bondiola agridulce, currywurst con papas fritas y salsa de curry, chucrut tradicional, panchos y una destacada oferta de cerveza artesanal y otras bebidas. También se remarcó la utilización de vasos ecológicos, reafirmando el compromiso de la institución con prácticas más sustentables.
Pero el Patio Cervecero no es sólo una fiesta gastronómica y musical. Es, sobre todo, la continuidad de una historia. Es el eco de aquellos primeros inmigrantes alemanes que llegaron a la región con sus costumbres, su música y su fuerte espíritu comunitario. Cada acordeón que suena, cada brindis compartido y cada receta tradicional que vuelve a servirse representan una forma de honrar ese legado. En el histórico salón de la Sociedad Germánica, que tantas generaciones ha visto reunirse, la tradición no se exhibe como una pieza de museo: se vive, se disfruta y se transmite.
La decimotercera edición del Patio Cervecero ya es parte de la historia grande de la institución. Quedó claro que, llueva o truene, la fiesta no se suspende y el éxito parece estar asegurado.
Alrededor de las mesas, distintas generaciones de descendientes de alemanes compartieron la celebración con el orgullo dibujado en sus rostros, reafirmando que la identidad cultural sigue viva y que la tradición, lejos de apagarse, continúa convocando como en las mejores épocas.




