“Cada vez es más la gente, evidentemente somos cada vez más locos porque se siguen sumando”, resaltando que los nuevos integrantes salieron del agua con una alegría contagiosa tras nadar sus primeros 15 minutos.
Para Adriana, el éxito de esta disciplina no radica solo en el esfuerzo físico, sino en la comunidad que se ha gestado. El apoyo grupal es fundamental para sostener la constancia, especialmente en los días más gélidos. “La comunidad hace que que nos comprometamos”, explica, detallando que la actividad no termina en el agua, sino que continúa con el ritual de “aclimatarnos, compartir una bebida calentita y charlar y contar las experiencias; no es solo ir nadar y cada cual a su casa”.
Desafíos físicos y el “ruido” de la mente
Adriana confesó que el mayor obstáculo no suele ser la temperatura del agua o el oleaje, sino la propia cabeza. Durante competencias largas, como los 10 kilómetros que nadó en el río Quequén durante casi tres horas, la mente entra en un juego particular.
“Llega un punto en que sí, por momentos, es como que sentís aburrimiento y te empezas a hablar a vos mismo… es una charla permanente con uno mismo que a veces es graciosa y otras patética”, enfatizó.
Para ella, la clave es saber “silenciar la cabecita cuando sigue hablando mucho” y concentrarse en el presente para evitar caer en la desesperación cuando se pierde la orientación entre las olas.
Entrenamiento, agenda y el arte como cable a tierra
A pesar de que Berardi aseguró estar en su “mejor momento físico”, su preparación es metódica. Entrena en pileta y realiza preparación física fuera del agua. Aunque admite que padece los ejercicios de velocidad en pileta, reconoce que es necesario salir de la zona de confort.
Su agenda para lo que resta del año está cargada:
- Julio: Competencia en Coronel Suárez.
- Agosto: Monte Hermoso.
- Septiembre: Carhué.
Debido a la situación económica, este año ha tenido que priorizar destinos cercanos, descartando su participación en el Calafate. Para costear sus viajes, ha recurrido a la organización de bonos contribución, gracias al apoyo de amigos y vecinos.
Más allá del deporte, Adriana guarda una faceta artística: es profesora de piano.
Comenzó a estudiar a los 8 años y hoy utiliza la música clásica como un refugio personal. “Desconecto, está bueno… viste que el arte sana”, comenta sobre su pasión por ejecutar obras como “Claro de Luna” de Beethoven.
Finalmente, Berardi envió un mensaje de aliento a quienes dudan en sumarse a las aguas frías por el factor de la edad. “Yo arranqué a los 53 años con las aguas frías así que no hay límite… que nadie piense ‘no, ya estoy grande o nunca nadé’”.
Con la bandera de Tornquist en alto, Adriana continúa demostrando que, con entrenamiento y una comunidad sólida, no hay agua lo suficientemente fría que no se pueda disfrutar.
VIDEO DE YOUTUBE: https://youtu.be/ qEOqvWoG8EI?si=59vUiO4l0m_ mIOaL




