
Ariel González, veterano de guerra de Tornquist: “Somos historia viva y todavía tenemos mucho para contar”
El vecino de Tornquist, integrante de la Agrupación Veteranos de Guerra del Teatro de Operaciones del Atlántico Sur de Río Grande, Tierra del Fuego, compartió en CELTTV un profundo y emotivo testimonio sobre su participación en el conflicto de 1982. Con apenas 17 años estuvo destinado en la Base Aeronaval de Río Grande, participó de tareas de seguridad, rescate y apoyo a las operaciones aéreas, y hoy continúa luchando por el reconocimiento de quienes combatieron desde el continente.
Con la emoción a flor de piel, Ariel González llegó a los estudios de CELTTV para entregar un reconocimiento, en nombre de la Agrupación Veteranos de Guerra del Teatro de Operaciones del Atlántico Sur (TOAS) de Río Grande, Tierra del Fuego, al periodista Rodrigo Sgammini y al conductor del programa Miguel Herrada, por la difusión de las historias y vivencias relacionadas con la defensa del litoral marítimo argentino y las Islas Malvinas durante la guerra de 1982.
Pero aquel reconocimiento fue también el punto de partida para una extensa y profunda charla. Ariel, vecino de Tornquist, abrió su corazón para recordar aquellos días que, a más de cuatro décadas de la guerra, siguen presentes en su memoria.
“Para mí tiene mucho valor porque en cada presente que nosotros entregamos va un pedazo de nuestra historia y esa historia tiene que ser contada”, expresó. Y agregó una reflexión que resume una de las principales banderas de quienes participaron del conflicto: “La historia debe ser contada completa”.
Con 17 años, rumbo al sur
González pertenecía a la Base Aeronaval Punta Indio, donde se desempeñaba en el área de incendio y rescate, como rescatista de pilotos de aviones.
Tras realizar un curso acelerado sobre ametralladoras antiaéreas, fue enviado al sur el 14 de abril de 1982, cuando el conflicto por las Islas Malvinas ya estaba en marcha.
“Sabíamos que íbamos a un destino incierto. Si había que ir a la isla, había que ir. Para eso nos habíamos preparado”, recordó.
Su destino fue Río Grande, donde inicialmente integró la defensa antiaérea de la base. Sin embargo, pocos días después, el 28 de abril, un suboficial reconoció su experiencia como bombero y rescatista y lo incorporó a la dotación de incendio y rescate.
Tenía apenas 17 años.
“Estaba a cargo de diez conscriptos. Los adiestré y te puedo decir que estaban tan bien preparados como lo estaba yo”, recordó.
Los días siguientes fueron intensos. Debió conocer rápidamente los sistemas de seguridad de aeronaves de la Fuerza Aérea que hasta ese momento no formaban parte de su experiencia, ya que su formación estaba vinculada a la Aviación Naval.
688 vuelos y una memoria intacta
Entre el 28 de abril y el 14 de junio de 1982, Ariel y sus compañeros atendieron, según su testimonio, 688 vuelos en la Base de Río Grande.
Una cifra que todavía conserva registrada y documentada, al igual que cada una de las misiones que atravesó durante aquellos meses.
“Jamás en mi vida me voy a olvidar. Lo que entra por los ojos no se olvida nunca más. Te puedo hablar de la hora, del día y de cada misión”, aseguró.
Durante el conflicto participó en tareas vinculadas con la seguridad y el apoyo a las operaciones aéreas desarrolladas desde el continente. También recordó dramáticos episodios ocurridos en la propia base, entre ellos el accidente que costó la vida al capitán Subizarreta.
Ariel y sus compañeros debían estar preparados para intervenir inmediatamente ante cualquier emergencia. El sistema de seguridad incluía la salida conjunta de los vehículos de rescate, el autobomba y la ambulancia para asistir a posibles heridos.
Son imágenes y momentos que, según asegura, permanecen imborrables.
“Defendí mi patria y cumplí con lo que juré”
Uno de los aspectos centrales del testimonio de González está relacionado con la situación de los veteranos que participaron en el conflicto desde el territorio continental argentino.
Ariel recuerda que durante los primeros años posteriores a la guerra fue reconocido como veterano. Sin embargo, asegura que posteriormente quedó excluido de ese reconocimiento junto a otros compañeros que habían participado dentro del Teatro de Operaciones del Atlántico Sur desde el continente.
Por eso, desde hace años, forma parte de una lucha que busca recuperar ese reconocimiento.
Más allá de las pensiones o beneficios económicos, asegura que el reclamo tiene para él un profundo significado moral y patriótico.
“Lo que más queremos es que nos devuelvan los honores. El mejor reconocimiento lo llevo guardado acá, en mi corazón: defendí mi patria y lo que juramenté el 20 de junio de 1981 lo cumplí”, afirmó con emoción.
Y agregó:
“Si me tocaba ir a la isla y combatir, y si tenía que dejar mi vida, la dejaba”.
“Somos historia viva”
A lo largo de la entrevista, Ariel dejó en claro que su objetivo no es únicamente recordar. También busca transmitir, especialmente a las nuevas generaciones, la dimensión humana de la guerra y de quienes participaron de ella.
“Soy tan malvinero porque amo mi patria, amo mi bandera, amo las instituciones, amo mi escudo, porque son la identidad que tenemos como argentinos”, expresó.
Con lágrimas en los ojos, pidió que los testimonios de quienes vivieron aquella época no se pierdan.
“Somos historia viva. Disfrútennos, no solamente a mí, a todos los que participamos. Disfrútennos que somos historia viva todavía, porque cuando quede el último, después van a tener que ir a los libros”.
Las heridas que dejó la guerra
Ariel también habló de las consecuencias que el conflicto dejó en muchos de sus compañeros. Recordó a quienes atravesaron situaciones traumáticas, a quienes sufrieron profundamente después de regresar y a aquellos que no lograron superar las secuelas de la guerra.
En su caso personal, aseguró que el paso del tiempo no borró las marcas emocionales de lo vivido.
“El estrés postraumático no nos lo saca nadie”, afirmó.
Hoy, con 62 años, continúa llevando adelante su propia batalla, convencido de que el reconocimiento a quienes participaron en el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur debe llegar.
Pero por encima de cualquier reclamo, Ariel González se queda con la certeza de haber cumplido con aquello que, siendo apenas un adolescente, estaba dispuesto a defender.
“Defendí mi patria. Eso lo llevo conmigo”.
Y antes de finalizar la charla, dejó un mensaje que resume su mirada sobre el futuro de la cuestión Malvinas:
“Ojalá se pueda solucionar por la vía diplomática. No vayamos a una guerra de vuelta, porque es muy doloroso”.
La historia de Ariel es, como tantas otras, una historia que durante muchos años permaneció lejos de los grandes relatos sobre la guerra. Una historia de un joven de 17 años que partió hacia el sur, de una base que tuvo un papel fundamental en el desarrollo de las operaciones y de una vida marcada para siempre por aquellos días de 1982.
Una historia que, como él mismo reclama, también debe ser contada.



