Lo que comenzó como una simple convocatoria por WhatsApp para “despuntar el vicio” se ha transformado en un proyecto deportivo serio y ambicioso.
El rugby en Tornquist vive un renacimiento de la mano de Víctor “Bicho” Duarte, quien ha logrado amalgamar a exjugadores de los recordados “Jabalíes” con jóvenes que nunca habían tenido contacto con el deporte de la guinda.
El motor de este resurgimiento es la integración con el Club El Nacional de Bahía Blanca, permitiendo que los jugadores locales compitan en torneos de alto prestigio.
“En el primer momento la idea fue armar un equipo de tocata, correr un poco, despuntar el vicio… pero esto después se fue convirtiendo en otra cosa que fue gustando más, el desafío es hermoso”, señaló Duarte.
“Muchos chicos que nunca habían jugado al rugby… de un día para el otro están jugando el torneo Copa de Oro de la Unión de Rugby del Sur con equipos de nivel. Están jugando de titular varios de los chicos en la intermedia y ya algunos de ellos también están de suplentes de la primera”, agregó
El “amor al deporte” y el desafío de la competencia
Para los jugadores, esta oportunidad representa volver a su “viejo amor”. Gero Barrios, quien se desempeña como pilar en la formación de los forwards, destacó su rol de apoyo tanto en lo técnico como en lo humano.
“Estamos de vuelta dándole un poquito de amor al deporte, tratando de ayudarle a Bicho en todo lo que podemos en el tema lo que sería técnico y darle una mano a los chicos que nunca jugaron el rugby acá”. Barrios, enfocado en su mejora física, define con humor su posición en el campo: “Yo soy tercer pilar… somos los gorditos, así que la fuerza de choque somos nosotros… los que rompen la defensa”.
Por su parte, Sergio Molina, exintegrante de Jabalíes, valoró el cambio de mentalidad y el entusiasmo que genera esta nueva etapa.
“Este año lo tomé, en lo personal, con más ganas. Le meto un poco más de entusiasmo”. Molina, que ha pasado de jugar como centro a consolidarse como fullback, reconoce la importancia del liderazgo de Duarte.
“Faltaba que alguien tome la iniciativa. Menos mal que apareció Bicho y pudimos empezar a jugar, a entrenar con él y la verdad que estoy muy, muy agradecido”, asevero Molina.
“Me gustaría llegar a jugar en primera de titular, estaría muy bueno, pero bueno de a poco”, enfatizó.
Sacrificio bajo el frío y puertas abiertas
La logística no es sencilla. El grupo entrena en la pista de atletismo de Tornquist los lunes, martes y jueves a las 21:00 horas, enfrentando las bajas temperaturas y coordinando viajes semanales a Bahía Blanca para acechar la dinámica de juego con el resto del plantel de El Nacional.
Sergio Molina no oculta el esfuerzo que esto conlleva: “Es un sacrificio bastante grande el que hacemos todos los chicos. Ir una vez por semana allá… después venir a entrenar, laburar y con frío”. Sin embargo, la camaradería compensa el cansancio.
“Los chicos de El Nacional nos recibieron muy bien, nos hicieron amoldar enseguida… es como si hubiéramos entrenado toda la vida en el club”, remarcó.



